Veterinario Clínico Equino - 629 119 876 bloginstagram

 

En la práctica profesional de un veterinario las cojeras pueden tener una importancia relativa.

No le da la misma importancia a una cojera un propietario de una vaca lechera (si el dolor no es muy intenso la producción va a ser la misma), de un perro (si la cojera no es muy fuerte la mayoría de las veces se usarán métodos caseros para paliarla) o de un caballo (aunque la cojera no sea muy fuerte el caballo está invalidado para la monta)

Mi consejo es que consulteis a vuestro veterinario ante cualquier cojera de vuestro caballo. Pero también entendais la dificultad del diagnóstico y tratamiento de la misma.

Y me explico: cuando nosotros, los humanos, tenemos una cojera vamos al médico y lo primero nos hace un volante para el traumatólogo. Llegamos a la consulta del traumatólogo, que nos pregunta qué nos pasa y le damos todo tipo de información: verá doctor, me duele la rodilla (ni más arriba ni más abajo) y el dolor es más intenso cuando me acabo de levantar y, sobre todo, si giro un poco la pierna hacia la derecha. Es un pinchazo justo aquí (y señalamos la zona).

El traumatólogo nos explora y no repara en medios: nos manda hacer radiografías, ecografías y si no lo ve claro incluso resonancias magnéticas, etc.

 

Ahora veamos el caso en un caballo: los veterinarios ambulantes somos médicos de cabecera, traumatólogos, dermatólogos, internistas, cardiólogos, oftalmólogos… y todo por el mismo precio. Nos llaman para ver un caballo cojo y el veterinario de cabecera y el traumatólogo llegan juntos a la cuadra (concretamente en el mismo cuerpo). El veterinario explora al caballo y por más que le pregunta éste no contesta.

Entonces decide preguntar a las cuatro personas que están viendo trabajar al caballo en el picadero y la cosa se complica aún más porque cada uno le ve cojear de una pata distinta. Así que decidimos no hacerles caso y explorar el caballo sin más. Pero el caballo no se duele en ningún punto de la extremidad que nosotros sabemos que es la afectada.

No nos queda más remedio que hacer una anestesia de conducción (es decir, dormir la pata de abajo a arriba hasta que la cojera desaparezca o disminuya claramente de intensidad). Una vez determinado el punto doloroso decidimos que hay que hacer radiografías, ecografías, etc y el propietario ya empieza a preguntar por el precio de los servicios.

La resonancia magnética, la scintigrafía y otras técnicas avanzadas aquí son casi ciencia-ficción. Que Dios guarde por muchos años al propietario que te dice “hazle lo que le tengas que hacer al caballo cueste lo que cueste. Yo lo que quiero es que se cure”. Todo muy diferente a humana, verdad? Poneos en el lugar de vuestro veterinario y sed pacientes con él.

Si todo no va lo bien que vosotros querriais y se os pasa por la cabeza pedir una segunda opinión, decídselo a él. La mayoría de nosotros lo aceptamos de buen grado y estamos más capacitados que vostros para decidir a quien le pedimos esa segunda opinión. No vayais por detrás a solicitar ese servicio.

Y un último consejo: la mayoría de las cojeras pueden esperar para diagnosticarlas y tratarlas. Evidentemente, si el caballo está con signos de infosura, no planta el miembro en el suelo o puede haberse fracturado un hueso hay que verlo lo antes posible. Pero si el caballo “marca un poco” no hagais ir al veterinario a la cuadra el Domingo por la tarde o el día de Año Nuevo: meted vuestro animal a la cuadra tranquilo y el veterinario lo verá el Lunes o el día 2 de Enero (además los restos de Cava habrán desaparecido de su sangre y tendrá más capacidad para discurrir por qué está cojeando este animalito)